
“¡Oh, Energía de Krishna!”
El movimiento ISKCON cuenta con dos sedes principales en Lima, Perú: sede Chosica y sede Wilson. En nuestra primera visita asistimos a la más importante, a la sede Chosica, y tuvimos el agrado de participar de una de las ceremonias más importantes del nuevo milenio para los creyentes de Krsna, la conmemoración de los 50 años de la llegada de Srila Prabhupada a América. Srila Prabhupada fue un muy importante personaje, o como sus discípulos prefieren llamarle, mensajero de Dios (Krsna). Él decidió dejar toda su tierra y su familia con el fin de predicar la conciencia de Krsna en el nuevo mundo, América. Srila Prabhupada vendría a ser el Jesús de ISKCON, y es por esto que esta celebración resultó ser tan importante, pues se les daba la oportunidad a los creyentes de compartir y convivir con los mismísimos discípulos directos de Su Divina Gracia. A cada persona en el templo que interrogábamos nos decía lo mismo, no podían ocultar su gozo, y sin cansancio ni fatiga cantaban horas y horas el maha-mantra –Hare Krishna Hare Krishna, Krishna Krishna Hare Hare, Hare Rama Hare Rama, Rama Rama Hare Hare- demostrando su devoción y queriendo compartirla. Este maha-mantra era repetido varias veces, no solo en los cantos, sino también en las entrevistas. Más tarde nos confesaron que, mientras más sea escuchado el maha-mantra, mejor se entendería y se conseguiría su propósito, adquirir la sana conciencia Krsna o, a los que ya la tienen, reafirmarla.
Todos se comportaban bastante cordiales y amigables, era un templo amplio y casi todos estaban cantando dentro, pero cuando alguien se cruzaba en el jardín o en los alrededores siempre saludaban ´Hare Krishna´, aunque no estuvieran vestidos de la misma manera para la ocasión. En cuanto llegamos, nos invitaron a comer, pero les dijimos que debíamos hacer unas entrevistas. Inmediatamente nos trajeron al discípulo –próximo a ser maestro espiritual- del templo. Este, sin preparación alguna, nos concedió una amena entrevista de más de 40 minutos. Esto mismo pasó con la segunda entrevista, de 20 minutos desarrollando una sola pregunta. Fue evidente que, para los creyentes, el hablar de su cultura y de la conciencia de Krishna resultaba natural. Habían varios niños, todos vestidos con la vestimenta de sus padres (creyentes de Krishna). A la familia, desde muy temprana edad, se le inculca la conciencia de Krishna y los hacen partícipes de las diferentes actividades. Es por esto que había una gran predominancia de jóvenes tocando instrumentos para os cantos y sirviendo la comida en el prasāda.
Antes de que nos fuéramos a un restaurante a comer, nos invitaron al prasāda dentro del templo. Dejábamos los zapatos en la entrada y, ya adentro del templo, nos sentábamos en unas alfombras personales organizadas en dos hileras frente a frente y empezaban a repartir los platos. Siempre estaban pendientes de si a alguien le faltaba algún postre o refresco. En un momento, un insecto entró y se posó al frente del plato de un niño, pero este no lo aplastó o espantó, hasta que su hermana le pidió que lo ayudara a salir para no incomodarnos, pues estábamos al frente. Este gesto, y el hecho de que pudimos confirmar que la comida era 100% vegetariana, demuestra el amor y respeto que tienen hacia la vida animal.
En las instalaciones habían tres fuentes, una tienda de ropa, adornos y joyas, un restaurante, un jardín, una tienda de libros (también se vendían dentro del templo), una central de información (donde una señorita nos explicó amablemente las ceremonias que se realizarían durante el día) y el templo.
Al entrar al tempo, iban al centro, se arrodillaban, hacían una reverencia y empezaban a cantar junto a los otros. A nosotras nos ofrecieron unas sillas y pudimos ver el comportamiento de todos. Los niños jugaban y recorrían el lugar, pero sin interrumpir a los de la parte central. En la entrada estaban armando el adorno de flores para el anda que más tarde formaría parte de la peregrinación a Chosica y de nuevo al templo.
En nuestra segunda visita fuimos al templo de Wilson. Este era mucho más pequeño pero, a pesar del ruido del tráfico y demás, pudimos escuchar el maha- mantra media cuadra antes de llegar, y fue así como nos guiamos. Todos los días, el templo abre a las 4 de la mañana, y cierra sus puertas después de la última celebración, aproximadamente a las 9:30 de la noche.
El templo de Wilson era mucho más pequeños que el de Chosica, pero habían logrado formar el mismo ambiente. El primer salón al entrar, era una tienda donde vendían postres y comida vegetariana y algunos libros y adornos Krishna. El resto era una sala grande, donde había un estante para colocar los zapatos, una zona donde podían sentarse o arrodillarse, y unas hileras de sillas pegadas a la pared para los visitantes o los que querían descansar. La ceremonia empezó a las 6:30, cuando trajeron los instrumentos y empezaron a cantar. Este era el inicio, así que las personas podían pasar y acomodarse o salir a comer antes de que empiece “la charla”.
Una señora, a la cual llamaban madre (aunque después nos enteramos que llamaban ´madre’ a todas las mujeres de todas las edades´, se había instalado cerca de la puerta, con una pequeña mesa, y había puesto ahí su caja de tamales con aceituna y carne de soya (S/. 3.00) y su balde de chicha para vender (S/. 1.00). Compramos un tamal y dos vasos de chicha y nos dispusimos a comer, pero nos invitó a salir a la puerta o al restaurante para hacerlo. Fuimos a la puerta y una ´madre’ algo joven y con vestimenta casual nos siguió, también para comer. Nos comentó una anécdota de cuando apenas se estaba iniciando, hace 5 meses, en el templo de Chosica repartieron comida y ella empezó a comer frente al “altar”. Ese día aprendió, y nos enseñó, que no se puede comer frente al monumento de Krishna si las cortinas no están cerradas, pues resulta una falta de respeto a su deidad.
Cuando ingresamos nuevamente a la sala, las cortinas ya habían sido cerradas, pararon la música y acomodaron una gran silla al frente y al centro para el orador de ese día. Este reconoció que éramos nuevas en el templo y pidió que nos ofrecieran unas sillas al centro de la sala. Los devotos de Krishna, cuando empiezan su proceso de devoción, renuncian a varias cosas: sexo ilícito, carne como comida, juegos de azar. Y con esto empiezan una vida más humilde. Sin embargo, también se entregan al servicio de su Dios y de los demás. Nos comentaban que, si alguien necesitaba ayuda, los discípulos de Krishna prácticamente se pelearían por ayudarte. Esto es parte de “la renuncia” y “la entrega”, las cuales se demuestran en grandes actos como abandonar tu tierra para predicar en otra, o pequeños como ofrecerte su silla. Debido a que, aparte de nosotras, habían otros miembros nuevos, la charla se centró en los cuatro principios básicos para alcanzar la conciencia Krishna, entre otros temas en los cuales todos tenían oportunidad de participar.
Durante esta celebración hubieron varios detalles interesantes que la hacían especial. Había una especia de “ritual de agua bendita” donde un señor pasaba con una vasija de agua y la esparcía en la cabeza uno por uno. Luego, agarraba una pequeña flor y se las ofrecía a cada uno para que la oliera. Mientras esto pasaba, otros devotos hacían girar velas encendidas frente al monumento a Krishna y luego frente a los demás. Al costado había un gran retrato de Srila Prabhupada. Después de cerrar las cortinas, empezaron a repartir una bandeja de frutas, donde también se podían poner donaciones voluntarias. Luego, repartieron también pequeños adornos florales, refresco e, incluso, prasada. Esto nos sorprendió y conmovió bastante, pues ese día los devotos eran pocos, y las donaciones menos. Sin embargo, trataban de dar la máxima entrega posible por su cultura.
Los devotos hombres vestían túnicas melón-coral de la antigua cultura védica, tenían la cabeza a medio rapar y con un pequeño moño a la altura de la nuca. Las mujeres vestían túnicas de diferentes colores, tenían el cabello amarrado y algunas tenían un punto rojo en la frente (bindis), que simbolizaban que ya estaban casadas.
Cuando la celebración finalmente terminó, varios se nos acercaron a ver si necesitábamos algo o si teníamos alguna duda. Como siempre, todos eran bastante serviciales. Inclusa una niña nos regaló sus flores, y nos pidieron dejar datos para “no perdernos”. Un señor logró reconocernos por un mensaje que habíamos dejado en su página de Facebook sobre la visita que haríamos, y también se ofreció a ayudar.
Sin duda, esta ha sido una experiencia gratificante, intelectual y emocionalmente. Ansiamos poder volver y aprender más de esta cultura, pues es tan rica que este poco tiempo no ha sido suficiente. Sin embargo, como nos dijeron reiteradamente, solo es necesario repetir el maha-mantra –Hare Krishna Hare Krishna, Krishna Krishna Hare Hare, Hare Rama Hare Rama, Rama Rama Hare Hare- pare entender la conciencia de Krishna.